El arquitecto y su circunstancia


La relación entre arquitectura y arquitectos, se ha justificado muchas veces por la detección de una necesidad, tangible o intangible, natural o artificial, verdadera o ficticia y la respuesta que se da desde un espacio construido. Este hecho que le da un valor complejo, que en la medida en la que sea resuelto coherentemente, es exitoso.

Un/a arquitecto/a, es entonces, el personaje capaz de llevar a cabo un proceso mental de lo abstracto a lo material, planteando una hipótesis básica, universal y, tal vez hasta obvia: La arquitectura se crea y modifica por el tiempo, el espacio y las influencias culturales en las que se desarrolla. Es una analogía arquitectónica de la famosa frase "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo" 1. La arquitectura es producto de circunstancias y es una circunstancia en sí misma. Puede ser objeto o entorno y, en el dinamismo de esta doble condición, como un mecanismo para salvarse, ha permitido cambiar su rol, imagen, forma y protagonismo.

Por mucho tiempo la frase “la forma sigue a la función” acuñada por Louis Sullivan es su artículo “The tall building artistically considered” 2 en 1896, presentó de una forma sintética una norma que definieron las facultades de un arquitecto, aglutinando: capacidad técnica, relación entre uso y forma, sistemas de identidad y elementos compositivos, generando un metalenguaje presentado desde los dibujos y no los alfabetos. El código gráfico de dibujo, diferenció por mucho tiempo el quehacer de un arquitecto frente a otras profesiones.

En 2015, Ole Scheeren 3 atribuye a Bernard Tschumi un cambio de la frase de Sullivan, sutil en letras pero explosivo en significado: “la forma sigue a la ficción”. Esto explica la facultad de un arquitecto de generar una experiencia en las personas a través del espacio. En la relación ser humano, arquitectura, acciones, eventos de los “Manhattan Transcripts” existe una capacidad narrativa que le corresponde a un arquitecto. Es una forma de hacer arquitectura apoyada en la filosofía fenomenológica, en donde los espacios y los relatos que en ellos ocurren se pueden tratar de forma análoga a los fenómenos y las manifestaciones perceptivas.

Las competencias técnicas se entienden como obvias y la fidelidad ente forma y función se desvanece, dando nuevas definiciones de palabras como tipología, programa, estructura. A una nueva circunstancia de la arquitectura le sigue un lenguaje renovado, dúctil e híbrido. Esta visión de un arquitecto de lo técnico a lo narrativo cambia las herramientas de proyecto a simultaneidad, diversidad, bagaje, oficio, cambiando el producto de un “objeto arquitectónico” a un elemento parte de un sistema de relaciones complejas.

Una de las opciones para aceptar este choque es la de heredar, mezclar y germinar un nuevo organismo configurado a través de una negociación. En la medida en que intervengan descubrimientos (utilidad e innovación), sincronía (entendimiento por lenguaje, tiempo o conveniencia) y pactos (el nivel de uso de seducción o violencia para imponer la fusión), produce resultados con mayor o menor éxito.

Estas negociaciones del papel de un arquitecto generan sincretismos entre:

-Utilidad y experiencia

-Relaciones y relatos

-Tangibles e intangibles

Entonces se puede optar por ser híbrido, una opción genética impura, una mezcla tan dinámica e invasiva que interviene en la sociedad que la adopta de manera integral, modificando el lenguaje, la producción y la lectura del producto naciente, pero adoptándolo como propio con gran conformidad.

1.- José Ortega y Gasset, "Meditaciones del Quijote" (1ra edición en 1914, publicaciones de la residencia de estudiantes, Madrid) pensamiento esencial y definitorio de su propuesta filosófica, en la etapa perspectivista (1914-1923), propone que toda percepción es subjetiva, generada por el punto de vista concreto del observador, en una dirección propia. Este acercamiento produce una forma propia de reconocer la realidad y por tanto su propia verdad.

2. - “Ya sea el águila en pleno vuelo o la flor de manzano abierta, el incesante trabajo de los caballos, el cisne alegre, la ramificación del roble, el arroyo que serpentea en su base, las nubes a la deriva, sobre todo el sol que cursa, La forma sigue a la función, y esta es la ley. Dónde la función no cambia, la forma no cambia. Las rocas de granito, las colinas, permanecen durante siglos; las vidas de rayos, viene en forma, y ​​muere, en un abrir y cerrar de ojos.Es la ley que prevalece a todas las cosas orgánicas e inorgánicas, de todas las cosas físicas y metafísicas, de todas las cosas humanas y todas las cosas sobrehumanas, de todas las verdaderas manifestaciones de la cabeza, del corazón, del alma, que la vida es reconocible en su expresión, que forma siempre sigue a la función. This is the law." 1896.

3.- Ole Scheeren, socio de OMA dio una charla “TEDtalk” en septiembre de 2015 titulada: ¿Por qué la arquitectura debe contar una historia”

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