Las dimensiones de la ciudad viva


En una calle común durante un día común, los peatones circulan por las aceras, los niños juegan frente a los portales y los estudiantes descansan en las bancas frente a una iglesia. Esta mezcla de actividades está influenciada por un sinnúmero de variables que hacen que la experiencia de observar la ciudad cause placer particular, por común que sea la vista.


Tal como una obra arquitectónica, la ciudad es una construcción en el espacio, en un espacio a gran escala, que solamente se percibe en su totalidad si las distintas variables se relacionan entre sí. El territorio no se considera una variable única de medición sino que es un espacio socialmente valorizado y por lo tanto culturalmente construido.


Este espacio que podría considerarse común, es en realidad un objeto de apropiación por parte de los actores sociales urbanos, así como es objeto de pertenencia. Los espacios de la ciudad son diversos y así cada uno de sus barrios. Se reconoce a la ciudad y sus partes como territorios multidimensionales que pueden ser aprehendidos en distintos niveles. Abordan morfología y funcionalidad, consideran la percepción de los habitantes y se influencian por la temporalidad de la construcción; sin embargo, es la relación entre espacio y sociedad un componente esencial de la comprensión integral de la ciudad.


En primer lugar, la dimensión morfológica discute el diseño y configuración del tejido urbano. Se reconocen patrones formales de elementos morfológicos fácilmente reconocibles como: calles, lotes y edificaciones. Se enfatiza el análisis de las redes de espacio público y el entorno construido, así como también los espacios vacíos que constituyen una potencialidad de desarrollo en el diseño urbano.


En la dimensión funcional se analiza la actuación de distintos sistemas combinados entre sí que se ven condicionados por el movimiento y los flujos. Circulaciones peatonales y vehiculares serán la clave para comprender esta dimensión; sin embargo se busca entender la relación directa del objeto arquitectónico con los flujos encontrados. En esta dimensión, el registro y comprensión del uso del suelo y la potencialidad de las redes de espacios públicos es vital para integrar el conocimiento.


La dimensión perceptiva se enriquece gracias a estímulos cognitivos, afectivos, interpretativos y evaluativos en un proceso que es social y culturalmente aprendido. Los vínculos entre usuarios y su influencia directa e indirecta en la espacialidad del lugar cobran importancia, así como preferencias y elecciones que no nacen del entorno construido sino que tienen bases en las percepciones y experiencias particulares.Las dimensiones de la ciudad viva se ven también influenciadas por la temporalidad, en la que se estudia la implicación y el impacto del tiempo en el espacio. El tiempo involucra cambios cíclicos que, simultáneamente, responden y moldean cambios futuros.Finalmente, la dimensión social, en contraste con lo anterior, estudia las relaciones que no son visibles y que influyen en el espacio urbano. Se explora la relación entre la comunidad y el espacio construido y se reconoce que los cambios en el territorio son un proceso continuo en el que el paisaje urbano es tanto el fin como el medio de los cambios sociales. Mucho más que otras dimensiones de lectura urbana, la dimensión social plantea retos, cuestionamientos y profundas responsabilidades para los nuevos arquitectos que serán parte fundamental de los cambios de la ciudad en el futuro.


Bibliografía:


Hillier, B. (2003). The Social Logic of Space. Cambridge: Cambridge University Press.Carmona, M; S. T. (2010). Public Places Urban Spaces The Dimensions of Urban Design. New York: Routledge.

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